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MADRE

 
 

                      
       Señalar que es mi tema preferido, puesto que la Madre de Dios es semejante en su contextura física a la de todos y cada uno de nosotros y fue elegida por Dios para su venida al mundo.
Madre         Del testamento de Juan Pablo II entresacamos el siguiente párrafo: “Velad porque no sabéis el día  en que vendrá nuestro Señor” (cf Mt 24.42), estas palabras nos recuerdan la última llamada, que tendrá lugar en el momento cuando el Señor quiera. Deseo seguirle y deseo que todo aquello que forma parte de mi vida terrena me prepare para este momento. No sé cuando sucederá, pero como en todo, también en ese momento me pongo en las manos de la Madre de mi Maestro: TOTUS TUUS. En las mismas manos maternas dejo todo y todos  y todos aquellos con los que me ha relacionado la vida y la vocación. En estas manos dejo sobre todo a la Iglesia y también a mi Nación y a toda la humanidad. Agradezco a todos. A todos pido perdón. Pido también la oración , para que la misericordia de Dios se muestre más grande que mi debilidad e indignidad”.
         Varios pensamientos de personas ilustres acerca de la Madre:
         “Aquello por lo cual el universo tuvo su principio puede ser llamadazo…la Madre. Solo conociendo a la Madre, el hombre conoce a sus hijos. Por eso, conociendo a sus hijos, ama más a la Madre” (Laotse).
         “El amor es la mejor música en la partitura  de la vida, sin él serás un eterno desarmado en el inmenso coro de la humanidad” (Roque Sclíneider)

. “Ámame cuando menos lo merezca, ya que es cuando más lo necesito” (Proverbio chino).
         Dios vino al mundo a través de una Madre que nos legó en herencia  a todos nosotros, cuando dice al Apóstol Juan: “Ahí tienes a tu Madre”;” y a través de ella nos devolverá al Padre para gozar de la vida eterna”-
         El Papa actual, Benedicto XVI a un periodista con motivo de su elección papal, a la pregunta ¿de dónde le venía su fe religiosa?, contesto: “ME LA DIO MI MADRE”.
         Hablemos ahora de nuestra madre terrenal; cual es la manera en que debemos  comportarnos con ella: darle todo el cariño que seamos capaces; todo el “amor” que merece, que es muchísimo, procurarle los besos, caricias, cuidados, ternura y bienes materiales, si necesario fuese. Reconocer  que nunca igualaremos  lo que ella hizo por nosotros. Nadie tiene más amor que aquel que da la vida por otro, la Madre no lo dudaría ni un solo instante, si de un hijo se tratará.
         Aprovechemos el tiempo, no esperemos al mañana que puede ser tarde y luego no cabe el arrepentimiento, porque no hay marcha atrás.
         Concluyo con un ruego a Nuestra Madre Celestial: “…ruega por nosotros `pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Que así sea.
                            Enero de 2.011. JESÚS VILASÁNCHEZ MARTÍNEZ.

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