Panorámica
 

GELMIREZ Y BEZOUCOS

 
 


                                                                  Javier Vilasánchez Martínez
     Continuando con lo iniciado años atrás de divulgar publicaciones que hacen mención a nuestra historia, hoy hablaremos de una publicación sencilla, que data del año 1961, recopilada diez años más tarde, y que a mi modo de ver, tiene su aquel, como decimos los gallegos. Se refiere a un escrito breve (unos diez folios mecanografiados aunque originariamente sean unos cuadernos manuscritos) y que si exceptuamos alguna discutible afirmación, puede deleitar a los lectores de nuestra revista.

   El texto es de la autoría de un personaje vinculado a nuestra Semana Santa por haber realizado tareas de pintado de las imágenes procesionales y del retablo e imágenes de Lubre, y por formar parte de una de las familias aresanas vinculadas  a la Semana Santa. Me refiero a José Barreiro Barral.

   Estas notas fueron rescatadas de la época en que algunos que nos preocupábamos de buscar todo lo que tenia que ver con nuestro pasado y celebrábamos la aparición de aquella primera historia, LA SINTESIS GEOPOLITICA, hablan de un pleito por los arciprestazgos en tiempos lejanos.Contienen también una excelente descripción del templo de Sta. Eulalia y de los Andrade.No me extiendo más, dejando a los lectores con estas anotaciones , que llevan por título

LUBRE EN LOS SIGLOS XII AL XV

A  partir  del año 600 en que Recaredo abjuró del arrianismo de sus antecesores, obligando además a la nobleza a abrazar la religión Católica, y aún al pueblo entero, puede decirse que la iglesia se pudo expandir sin trabas, empezaron a surgir parroquias en todo el territorio hispano.

Bezoucos, comarca de intensa población, no podía quedarse atrás en esta importante mejora, y así surgió Cervás, Mugardos, Erines y Franza, que aliviaron a Lubre en la misión parroquial.

En monasterio benedictino de S. Vicente de Caamouco, cuyo origen nadie por ahora conoce, prestaba la asistencia espiritual a una poblada zona desde la desembocadura del río Eume hasta Ares.

Las cualidades de aquella tierra estimulaban el progreso y nuevas parroquias se creaban para atender a la población. Ya estaba constituido el arciprestazgo de Bisancos, que dependía de Santiago, en virtud de donaciones reales hechas en honor del Santo Patrón de España. Pero al otro lado de Bisancos, separado por el río Jubia, comenzaba el obispado de Mondoñedo, uno de los obispos pidió en préstamo a santiago el territorio de Bezoucos, y el obispo de Mondoñedo pudo administrar esta comarca por concesión del Compostelano, lo que más tarde promovió un largo y enojoso pleito entre ambas sedes; y solo la tenacidad y personalidad de Gelmirez pudo logar que Bezoucos volviese a Santiago.

Era obispo de Mondoñedo don Gonzalo, hermano del poderoso prócer gallego don Pedro Froilaz, conde de Traba, y regía la sede compostelana el gran don Diego Gelmirez.

Gelmirez reclamó al obispo de Mondoñedo el Arciprestazgo, más don Gonzalo se negó a ello, entonces el Compostelano recurrió al Papa. Estas parroquias pertenecían al obispado de Iria por donaciones reales antiquisimas, y ya, en 569 fueron confirmadas estas donaciones por el rey suevo Teodomiro, y más posteriormente por el rey Ordoño II en el año 915, según afirma López Ferreiro en la “Historia de la S.A.M.I de Santiago”.

Este pleito ya se había suscitado anteriormente con el Obispo de Lugo Recaredo y Gudesindo de Iria, y quedó arreglado en el año 922.

gelmirezLos derechos del Obispo de Lugo se apoyaban al parecer en la donación que el rey Odoario hiciera a esta iglesia lucense.

Este pleito ya se vio en León, en presencia de los reyes don Ordoño y doña Elvira, al que asistieron los obispos Fronimio de León y Fortis de Astorga, así como otras personas civiles y eclesiásticas.

Se falló que mientras viviese el obispo de Lugo Recaredo disfrutase de la mitad de las rentas de los condados de Pruzos y Bezoucos, y que a su muerte pasaran íntegras a la iglesia de Íria.

Sin embargo el pleito entre Gelmirez y don Gonzalo no fue de tan fácil solución, ya que el mindoniense se apoyaba en una donación que a aquella Iglesia hiciera el rey Alfonso III de algunas feligresías en los arzobispados de Trasancos, Pruzos y Bisancos. Esta donación se refería solamente a las iglesias llamadas ofertoriales, o sea, las que eran propiedad de los reyes y magnates, pues las pertenecientes a la Iglesia se llamaban canónicas. En el diploma de concesión , el  rey dice que ya las feligresías donadas dejaban de ser ofertoriales para convertirse en canónicas al pasar ala absoluta propiedad de la Iglesia, a fin de que las posean los obispos mindonienses.

Tal vez el tiempo contribuyera al oscurecimiento del verdadero carácter de esta donación., y a ello debió contribuir aquella circunstancia de quedar vacante la sede Compostelana por defunción del obispo don Diego Peláez, en cuyo lapso de tiempo el obispo de Lugo, don Amor, consagró (año de 1092) la iglesia de S. Isidoro de Callobre, en plena diócesis Compostelana.

Por este tiempo y estando vacante la sede de Santiago, mal atendidos andarían los intereses de la diócesis, y el de Mondoñedo no descuidaría la ocasión para consolidarse en la posesión de las iglesias de Bezoucos : pero posesionado Gelmirez de la silla compostelana en el año 1101 (31 de diciembre) por bula del Papa Pascual II, se hizo cargo de todos los derechos procedentes de La sede Iriense, y así no podía descuidar su posesión sobre las feligresías de Bezoucos.

Así pues, Gelmírez reclamó amigablemente del obispo don Gonzalo Froila los  arzobispados de Trasancos, Bezoucos y mitad del de Seaya, pero don Gonzalo no estaba dispuesto a complacer al compostelano en tal demanda.

Don Diego Gelmirez interpuso demanda contra don Gonzalo en el Concilio nacional de Carrión, a principios del año 1103, a cuyo Concilio no acudió don Gonzalo por hallarse mal de salud. Entonces don Bernardo, Arzobispo de Toledo y Presidente del referido concilio, escribió al de Mondoñedo mandándole que devolviese a la Iglesia de Santiago lo que reclamaba, más don Gonzalo no cumplió tal mandato y Gelmirez despachó a Roma dos procuradores para querellarse ante el Papa, y este en primero de mayo de 1103, ordenó se cumpliese lo acordado en Carrión.
El pertinaz don Gonzalo no accedió tampoco al mandato del Papa Pascual II  y si envió a Roma a dos clérigos. El Papa avisó a Gelmirez que enviase él otros dos para entrevistarse con los legados de Mondoñedo en presencia del Pontífice, cuya entrevista se había de celebrar en 1º de octubre de 1104.

Después de esta comparecencia el Papa resolvió que el obispo de Burgos, don García,, acudiese a Astorga con algunos de los más ancianos sacerdotes de la Iglesia de Mondoñedo, para jurar que su iglesia estaba en posesión de las feligresías litigadas hacía ya cuarenta años. También debían concurrir procuradores compostelanos.

El mismo don Gonzalo compareció con sus clérigos en Astorga, pero como no llegara aún el obispo de Burgos, fueron todos a su encuentro y hallárosle en Castrogeriz, donde también se encontraba el rey don Alfonso VI. Pero allí mismo se negó don Gonzalo a prestar el juramento que se le pedía, cuya negativa fue comunicada alpaca, y este escribió luego a don Gonzalo en 24 de octubre de 1105, ordenándole no inquietase a la Iglesia de Santiago, en la posesión de tan discutidos bienes.

El de Mondoñedo no quiso obedecer a las determinaciones del Papa, y la cosa tomó nuevo incremento pasando al Concilio de León de 1107. A este Concilio concurrieron ambos obispos y allí discutieron la cosa hasta extremos tan avanzados que don Bernardo, arzobispo de Toledo, nombró una comisión de prelados para que decidiesen sobre el caso, y acordando que el obispo de Orense quedase como administrados e los discutidos bienes, dejando a cargo del Papa la resolución definitiva. Asimismo el concilio dio cartas a los interesados para presentárselas al Papa, pero sólo se personaron en Roma los enviados del infatigable Gelmirez. Sin embargo el Papa se negó a resolver, vista  tan solo la presencia de uno de los sectores, y escribió al arzobispo de Toledo para que apremiantemente señalase a ambos contendientes un determinado plazo en el cual debían comparecer ambos, y en caso de ausencia de alguna de las partes  que pudiese resolver el prelado toledano en juicio definitivo, pero a favor de Santiago, lo que aquel llevó a efecto en el año 1109.

Entonces, tanto el clero como el pueblo de Bezoucos, comprendieron que habían estado indebidamente separados de Santiago, y fue cuando se firmó el acta de obediencia al obispo Compostelano, en 7 de febrero de 1110.

El abad del monasterio de Jubia, don Munio,encabezó la lista de los firmantes, bajo una especial fórmula, y le siguieron luego los que se nombran, que firmaron por si y por los ausentes: Pelayo Almóndiz, de Cervás (Cervalles), Diego Fulgencio, de Santa Eulalia de Jubia; Vimara, de Santiago de Franza (Francia); Rodrigo Sisnándiz, prelado del Monasterio de San Vicente de Caamouco; Pelayo Bermudez, de San Juan de Piñeiro (Pinario); Gutiérrez Ossoriz, de San Salvador de Maniños (Magnios); Rodrigo Muniz, de San Vicente de Mehá (Mediano); Froila de San Maed de Larage (Laragia); Oduario, de Santa Eulalia de Coiro (Courio, anejo a Maniños); Froila, de Santiago de Barallobre (Baraliobre); Juan, de Santa Marina de Sillobre(Seliobre); y Ordoño, de San Salvador de Sillobre.

Los caballeros de Bezoucos que también firmaron fueron Bermuda Asmódiz, Bermuda Regéliz, Fernando Suárez, Férreo Holmiz, Gonzalo Menéndez, Juan Vimaraz, Menendo Holmiz, Munio Oduariz, Oveco Froilaz, Pedro Bermudez, Vistriario Holmiz y Vistriario Pérez. Asimismo firmaron dicha acta el Conde deCaamouco, don Pedro Froilaz y su esposa doña Mayor, así como sus hermanas doña Munia(Monja en Jubia) y doña Visclavara (López Ferreiro, obra citada, tomo III).

En 8 de agosto de 1122, siendo obispo de Mondoñedo don Munio, se firmó un nuevo acuerdo en el cual queda definitivamente para Santiago el Arciprestazgo de Bezoucos y el de Seaya, quedando para Mondoñedo los de Lavacengos, Trasancos y Arros.

No encontramos entre los firmantes del acta de que acabamos de dar razón, al cura de Lubre, lo que nos indica que por algún desconocido motivo no concurriría, firmando tal vez alguno de los presentes, pues ya se dice que firmaron por si y por los ausentes, entre ellos el regente de Lubre.

Más tarde Gelmirez había de tener otro pleito sobre la iglesia y villa de Lubre.

Corría el año de 1134 y nuestro infatigable obispo se hallaba ocupadísimo con la reconstrucción de la colegiara de Sar, la cual quiso elevar a la máxima categoría poniéndole doce canónigos como tenía Iria, y señalándole la renta necesaria para su decoroso mantenimiento. Entonces el conde de Traba, don Fernando, prendió a un soldado del Arzobispo, sin dar la menor cuenta de ello a don Diego Gelmirez, quien al enterarse de esta acción prendióle dos soldados a dosn Fernando. Entonces el conde tomó más fuerte represalia echando mano con violencia del arcediano don Pedro Cresconio, que gobernaba aquella tierra, y el prelado viendo que el de Traba se había propasado con persona eclesiástica, recurrió a las armas de la iglesia con un anatema.

El conde se rindió y como ya hacía muchos años que la casa de Traba molestaba bastante al Arzobispo sobre unos derechos que decía l pertenecían sobre algunas gentes entre los ríos Ulla y Tambre, se aprovechó esta cuestión para zanjar tales diferencias, y Gelmirez con acuerdo de los canónigos y autorización del rey, dio a don Fernando la villa de Lubre.

Es indiscutible la importancia de esta feligresía en el tiempo a que nos referimos, o sea, el siglo XII. Y a pesar de que ninguna mención se hace de Ares, no es presumible que este poblado careciese de importancia, pese a que no existía como parroquia. Probablemente Ares perteneciese al Monasterio de Caamouco y no a Lubre, pues más tarde, ya en el siglo XV y siguientes vemos a Ares unido a la parroquia de S. Vicente, pero con cura propio, y los cultos se hacían en una pequeña capilla que había en el solar mismo que hoy ocupa la actual iglesia parroquial, la cual quedaba inmediata al poblado de pescadores fundado sin duda por los griegos. Este poblado estaba emplazado en el extremo sur de la actual villa.

Por este mismo tiempo vemos a Mehá unido a Lubre.